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La moderna vida en pareja

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Pablo llega de la oficina...( que topicazo, parece que todo el mundo trabaja en una oficina).. y su pareja aún no ha llegado de trabajar.

Tiene mucho que organizar para ese informe que entregará mañana en la primera reunión del día. Pero claro, hay que cenar y desconectar del trabajo.

Mientras se descarga de carpetas y maletines pone en el microondas un objeto congelable no identificado, o cuando menos, no recordado al 100 por cien. En cuanto se quita los zapatos ruge la cerradura de la puerta del hogar que a continuación se cierra de modo violento. Ya estamos de lunes por la noche... en fin.

Autor epoca moderna
Uno de mis libros Favoritos y Releidos. Una sociedad voraz

El aviso final del microondas hace de campana del Ring para que comience la batalla dialéctica sobre cargada de ironías y aspavientos sobre si uno debió recoger la ropa del tinte, y que si el otro que trabaja media hora menos en la oficina podría haber comprado algo decente para cenar. En esta cruenta pelea sin árbitro se disuelven los sentimientos que hace algunos años unieron por afinidad de objetivos y proyectos a la pareja que nos ocupa hoy. La comprensión residual que no sobra, es a veces suficiente para calmar esos momentos y conciliar una escena que aunque sea simplemente por instinto animal de conservación, nos permita sentarnos a la mesa a cenarnos ese volátil "blister "a punto de explotar.

Moderna pero mala vida.

La verdad es que mis padres quizá no eran el mejor ejemplo de familia bien allegada y amorosa en los años 60 y 70, pero por lo menos hablaban, pensaban juntos, discutían temas y nos leían cuentos. Hoy día las parejas viven juntas pero en vez de preguntarse entre ellos dudas o experiencias, las buscan por internet. Parejas en su casa unidas por un techo, y separadas por un terminal digital, cuyos contenidos a veces no son precisamente para compartir.

Moderna Mac de 2009
Ejemplo de un despacho en el Hogar. Demasiado trabajo y poco hogar.

El punto de inflexión lo desconozco. En los años 2000 aún salíamos a tomar una cerveza en verano a las terrazas y teníamos conversaciones eternas, más o menos banales pero llenaban de murmullos las terrazas. Hoy apenas unos veranos después nos duele el cuello y las muñecas más que la mandíbula. Hemos pasado del maltrato casi institucional a la pareja a un soliloquio que traerá consecuencias demográficas creo que incluso programadas.

Volviendo a la Vida de Pablo y su pareja; vemos que después de cenar alienados por el ruido de fondo de la tv, apenas les queda saliva para preguntarse sobre la jornada, o acabar de reprocharse quien debió limpiar la cocina la noche de antes. La agresividad se atenúa y se barre debajo de la alfombra. La vida sigue un martes reprogramado por el sistema y así hasta el día final. Sólo unas vacaciones les unen tanto que se den cuenta de que no son lo que eran. Dejemos el trabajo en el trabajo y nuestro hogar como refugio de la vida en pareja.

 

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